
“Parece la promoción de un casino o de una casa de putas. Esta oligarquía criolla, como un rufián de barrio, entrega la riqueza nacional, o sea, su virtud, su fuerza, al mejor postor. Y como rufián, también saca su tajada”. La entrega inmisericorde de la soberanía nacional en el nuevo pacto colonial del TLC con Estados Unidos...,escribe Federico Sarmiento.
18.05.2004 (Federico Sarmiento, Bogotá) La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases. Ya los dos viejos barbones del siglo XIX lo habían descubierto y lo habían dejado por escrito, en forma lapidaria. Hoy lo aprende con sangre, sudor y lágrimas, la marchita y decrépita burguesía industrial colombiana, que pudo haber sido y no fue.
Sus últimos ideólogos y voceros políticos, como los cisnes que según la fábula de Esopo solo cantan antes de morir, descubren tardíamente que los engatusaron con el cuento de que el enemigo era la guerrilla, de que la salida política negociada al conflicto sería su tragedia, de que el “mini-führer” paisa de poncho y sombrerito de corrosca, más oloroso a bosta de ganado vacuno y mas cercano a las lides de la motosierra desplazadora que de la actividad fabril, les habría de limpiar el camino para garantizar el reino del evangelio neoliberal en la cumbres Andinas de América del Sur.
Sus voceros guardaron silencio durante el frustrado proceso de Paz en el Caguán de Andrés Pastrana. Hicieron “mutis por el foro” de la agenda temática, de las audiencias sabatinas de la sociedad civil con la insurgencia sobre los grandes problemas nacionales. Hicieron oídos sordos de las advertencias de uno de su ideólogos más clarividentes, Luis Jorge Garay, de que las reformas que proponían las FARC en el Caguán eran necesarias y de que los proyectos para ejecutarlas eran perfectamente financiables mediante un Fondo que involucrara el sacrificio de un punto en el porcentaje de superbeneficios de la “narco-oligarquía financiera”, con los dineros que aportara el fin de la hemorragia que imponía la corrupción bipartidista al patrimonio público del país y con la contribución financiera de la cooperación internacional para erradicar de raíz, con proyectos socio-económicos, el problema de los cultivos ilícitos.
Era el precio de la salida del callejón del conflicto social y armado, de la consolidación de una nación digna y soberana y de la creación de las condiciones mínimas para un desarrollo pacífico y democrático en Colombia. En suma, un programa “minimalista” y realizable.
Narcoterrateniente a la presidencia de Colombia
Durante el irresistible ascenso a la Presidencia de Colombia del “miniführer tropical”, el “Varito”, como cariñosamente llamaba el patriarca del cartel de narcotraficantres de Medellín, el obeso Fabio Ochoa, al actual “presidente de los colombianos”, estos sectores de una burguesía históricamente despistada, se sumaron, casi unánimemente, al coro condenatorio del “proceso de paz” del Caguan y a las alborozadas voces que dieron la bienvenida al nuevo “salvador”.
Ya los sectores económicos dominantes no tenían que sentarse a negociar con campesinos insurgentes, la construcción de una nación para todos, tal como se redactara la guerrilla del Llano –en tiempos de Guadalupe Salcedo- en su “Segunda ley del Llano” en 1953 y que cobardemente traicionara el “partido liberal colombiano” en el siglo XX, frustrando las legítimas aspiraciones sociales de su base popular.
Esta vez “Varito” –“liberal” y narcoterrateniente de las sabanas cordobesas- llegaba con todo su séquito y experiencia de la gobernación de Antioquia (1994-1997), para poner a disposición del país, las recetas de cómo se hacen las contrareformas, cómo se mata la protesta social y cómo se enajenan los intereses de una nación a los dictados de los amos imperiales, haciendo uso de adecuadas dosis de motosierra, desplazamiento, “para-cooperativas convivir” y demás rito alejos del río a bordo.
Hoy en día, en medio de tanta depredación del patrimonio público, de regalo de la riqueza petrolera a la transnacionales yankees, de entrega inmisericorde de la soberanía nacional en el nuevo pacto colonial del TLC con Estados Unidos, de subordinación incondicional del aparato “para-judicial” colombiano a los tribunales imperiales y de reducción del “ejército constitucional colombiano” a la simple condición de mera gendarmería “cipaya” del Comando Sur, brotan algunos escrúpulos democráticos y hasta “nacionales”, por parte de ciertos “sectores pensantes” de esta “burguesía nacional” abortada.
Sigilosamente, de las sombras y del cobarde silencio al que parecían condenadas, van saliendo las voces y las plumas, de una burguesía industrial colombiana en trance de momificación, para balbucear lo que para nuestra generación no eran más que “verdades evidentes”, emanadas de experiencias personales e “histórico-sociales” vividas.
En el pasado mes de marzo, durante la XIII sesión de entrega de las becas de la Fundación Mazda a estudiantes de excelencia en las Artes y las Ciencias, el ingeniero José Fernando Isaza se asombraba de cuanta razón tuvo el cura Camilo Torres y su Frente Unido, con las reformas propuestas en su tiempo y que le fueron birladas por los detentadores del poder. Se interrogaba además de cuan distinto hubiese sido el destino del país “si en lugar de bombardeos a Marquetalia” en 1964, se hubiesen construido en las regiones campesinas las necesarias obras de infraestructura y si hubiesen respetado los resultados electorales así hubiesen sido adversos a los partidos tradicionales.
En medio de la desazón que percibe con su ideología de clase amedrentada por el extremismo fascista de Uribe, Isaza incluso recuerda la célebre frase de Bertold Brecht de que “Primero se llevaron a los comunistas. Pero como yo no era comunista no me importó. Después se llevaron a los judíos. Pero como yo no era judío no me importó. Ahora me llevan a mí. Pero ya es tarde”.
También es tarde para las elites económicas regionales del Departamento de Santander. Hace años perdieron un candidato presidencial, Luis Carlos Galán Sarmiento, a manos de sicarios al servicio de los sectores sociales que ascendían económica y políticamente, merced a más de treinta años de narco-acumulación, depredación financiera y corrupción.
Por lógica de la historia, se trataba de los mismos sectores sociales que bloquearon toda salida política negociada al conflicto social y armado en los años 1980s, quienes exterminaron la Unión Patriótica y liquidaron toda una generación de dirigentes sociales, populares y sindicales a los largo y ancho de la geografía colombiana. Es decir, las mismas fuerzas sociales que hegemonizan políticamente, en la actualidad, el proyecto fascista y antipatriótico de Alvaro Uribe Vélez.
La escandalosa “feria” del patrimonio petrolero nacional
La burguesía santandereana, había hecho de ECOPETROL y de la industria petrolera, una de las bases de la economía regional y destinaba a sus hijos más brillantes al estudio de las ingenierías y de las disciplinas de la alta tecnología petrolera. Además sus abogados, economistas o políticos estaban comprometidos en una indeclinable defensa de ECOPETROL, como parte de un patrimonio nacional no enajenable.
Pero ya desde los tiempos del gobierno de Pastrana Jr., el poder de estas clases regionales declinaba y tenían que dejar su “coto de caza” petrolero, a merced de las dentelladas de los tiburones “narco-financieros” procedentes de Antioquia o del Valle del Cauca. Hoy en día, puesto que “hay que vivir para ver”, nos asombramos de cómo el senador conservador Hugo Serrano Gómez (testigo de primera mano de la tragedia económica de las elites regionales santandereanas ligadas al petróleo) adopta la valerosa actitud de defender la huelga patriótica de USO y sumarse a la bancada minoritaria del “Polo Democrático” (menos del 5% de representación electoral en el poder legislativo) para dar la última batalla de mohicano petrolero contra la escandalosa “feria” que se está haciendo del patrimonio petrolero nacional.
Hay que reconocer que la magnitud del saqueo del patrimonio petrolero colombiano, llevada a cabo con tanto descaro por el “narco-terrateniente” Uribe asociado con ese “ciudadano del mundo” –al igual que el “ex-izquierdista” Salomón Kalmanovich, sin vínculo cultural, nacional o sinceramente afectivo con Colombia, fuera de su “mercenarismo profesional”- que es el aventurero Isaac Yanovich, también ha movido a la indignación a antiguas y sacrosantas plumas que creíamos perdidas en las gavetas históricas de “una revolución nacional y democrática” ausente.
Nos referimos a las plumas de Gabriel Poveda Ramos en el diario el Colombiano de Medellín ( 5 de mayo de 2004) y de Alberto Aguirre en la muy “light” revista CROMOS (10 de mayo de 2004).
Gabriel Poveda Ramos, evidencia una inusual comprensión de la actual huelga patriótica llevada a cabo por los trabajadores petroleros y hace un reconocimiento de lo que han significado cincuenta años de lucha patriótica de la USO en la defensa de la soberanía petrolera del país. “Aun cuando algunos se empeñen en macartizar a los trabajadores del petróleo –afirma- acusándolos de defender lo que con astucia sindican de ser sus 'desmedidos privilegios', ello no es cierto. Lo que está en disputa es la existencia de ECOPETROL como empresa petrolera y de una política nacionalista en hidrocarburos”. Vivir para leer.
En un lenguaje no menos vehemente, Alberto Aguirre denuncia al “vende patrias” Uribe Vélez: “Parece la promoción de un casino o de una casa de putas. Esta oligarquía criolla, como un rufián de barrio, entrega la riqueza nacional, o sea, su virtud, su fuerza, al mejor postor. Y como rufián, también saca su tajada”.
Desgraciadamente, estas tomas publicas de posición, llegan demasiado tarde, carecen de dientes políticos, evidencian más un angustiado despertar de un “embrujo autoritario” que una participación en proceso democrático de debate público y de toma de decisiones.
Estas voces lúcidas de una burguesía democrática, pero cobarde y sin proyecto político y social para la crisis del presente, son los cantos de cisne que presagian una derrota histórica. Con Uribe Vélez subieron los gansters al poder, los mafiosos originarios y recientes, los representantes políticos de una nueva burguesía lumpesca que cuajó en Colombia durante los últimos treinta y cinco años de “narco-acumulación” de capital. Esta nueva burguesía, en su estupidez arrogante de nuevo rico, carece de tradición, de proyecto de nación, de intención histórica de construir una institucionalidad democrática mínima. Por ello, estamos viendo impotentes cómo lenta e inexorablemente, se va diluyendo Colombia como nación.
El “plan patriota”, la nueva fase de guerra de exterminio
El regalo del patrimonio petrolero, la enajenación de la industria farmacéutica nacional a la legislación transnacional en materia de marcas y patentes, el nuevo pacto de sometimiento colonial que se materializara en el TLC con Estados Unidos, son evidentes procesos de destrucción de la base material de existencia de la nación y por tanto de Colombia como nación independiente. El proceso se complementa con la mutación de un proyecto anterior de un Estado Nación “en desarrollo” a la condición simple y llana de “protectorado colonial”. El “plan patriota”, la nueva fase de guerra de exterminio contra el campesinado colombiano, es simplemente, en este contexto, un apéndice de “aclimatación tropical” de la “Patriotic Act” estadounidense y una aplicación regional de la nueva doctrina estadounidense de política exterior. Con todas sus secuelas “iraquíes” que se anuncian.
La reelección de Uribe es un hecho cotidiano. Es un “golpe de opinión” permanente. Las encuestas y el blindaje informativo pueden incluso sustituir perfectamente, las reformas constitucionales de un poder legislativo mayoritariamente “amarrado” al proyecto uribista. Silenciosamente, al igual que se implantaron en Colombia durante los últimos veinticinco años, la teoría de la “seguridad nacional” y el “terrorismo de estado”, sin necesidad de recurrir a la “dictadura militar estilo Cono Sur”, hoy Colombia es el laboratorio de ensayo en América Latina, de la primera dictadura fascista funcional al nuevo pacto colonial con el imperialismo.
Para no olvidar las enseñanzas del viejo Karl Marx en el siglo XIX, los procesos políticos de la Colombia contemporánea nos colocan frente a nuestro propio “Diez y ocho Brumario” y nos meten de narices a evaluar los alcances universales de la metodología de análisis que hemos dejado olvidada, debajo de tanta “cháchara” posmoderna y “politología” de colonizados.
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ATTE. carlos lugo
"ELCÍRCULO SE HA CERRADO, OBI WAN CANNABIS..."
Excelente su articulo... no dejo de pensar si es que de verdad las cosas son asi en cuanto a eel blindaje informativo o si realmente la gente no es conciente de la oscuridad en las intenciones del "aprendiz de nazi" que se volvio Uribe Velez de un momento a otro, sino es que lo habia pensado desde antes y muy metodicamente.. un verdadero Dicatador Facsista que no tiene nada que envidiarle a Hitler o Napoleon....
Excelente Articulo
Saludos.
Felipe garcia